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portada El Agricultor Primero

Junio 2026

Cuando arranque esta nueva jornada deportiva, millones de personas se sentarán frente a una pantalla para ver 90 minutos de fútbol. Pero ese momento visible es solo el final de un proceso que empezó años antes: planificación, análisis de datos, decisiones técnicas y ajustes constantes.

Mientras la temporada futbolera se prepara, el campo ya está en juego

Así como una selección comienza su camino a la fiesta futbolera años antes del torneo, la producción de alimentos empieza mucho antes de que veamos el resultado.

En América Latina:

  • Un cultivo de maíz puede tardar entre 6 y 9 meses, desde la preparación del suelo hasta la cosecha.
  • Muchas frutas y hortalizas requieren varios ciclos de siembra, manejo y cosecha para garantizar un abastecimiento constante.
  • En cultivos permanentes como café o cacao, el ciclo productivo puede extenderse entre 2 y 4 años antes de lograr una producción estable.

La agricultura no funciona por eventos, sino por procesos largos, exigentes y continuos, que permiten que los alimentos estén disponibles todos los días, incluso durante eventos globales como la temporada futbolera.

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El partido contra el desperdicio de alimentos

Los grandes eventos deportivos, no solo incrementan el consumo de alimentos: también amplifican el desperdicio alimentario.

A nivel global, cada año se desperdicia alrededor de un tercio de todos los alimentos producidos, considerando las pérdidas a lo largo de la cadena y el desperdicio en el consumo final. Esto equivale a más de 1.000 millones de platos de comida que se desperdician cada día en el mundo, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Durante estos eventos, estos hábitos se intensifican. Una encuesta realizada en México por Cheaf, plataforma dedicada al rescate de excedentes de alimentos, reveló que:

  • 55% de las personas planea pedir comida a domicilio durante los partidos.
  • 48% comprará botanas y bebidas en grandes cantidades.
  • 39% se organizará con amigos para llevar alimentos compartidos a las reuniones.

Cuando no hay planificación, estas dinámicas pueden traducirse en compras excesivas, porciones mal calculadas y toneladas de comida desperdiciada.

“El reto oculto no es solo qué se consume, sino cómo lograr que lo que se compre se aproveche realmente y no termine en la basura por mala planeación”, señala un especialista de Cheaf.

Acciones reales que pueden marcar la diferencia

Los eventos futboleros también son una oportunidad para redefinir prácticas y reducir el desperdicio alimentario, tanto en el sector comercial como en los hogares. Algunas recomendaciones incluyen:

  • Planificar menús con base en datos de asistencia esperada, para evitar preparar más comida de la necesaria.
  • Donar excedentes a bancos de alimentos o comedores comunitarios en tiempo real.
  • Capacitar al personal de cocina en prácticas de almacenamiento y conservación de alimentos.
  • Educar a consumidores y aficionados para que calculen mejor sus compras y aprovechen las sobras.

Así como una jornada deportiva se gana partido a partido, la alimentación se construye día a día. Mientras se juegan los partidos, hay un sistema agrícola que trabaja desde mucho antes para que la comida esté disponible todos los días.

La agricultura no se detiene

El fútbol mueve grandes cifras. Un ciclo mundialista genera miles de millones de dólares en ingresos, infraestructura, transmisiones y patrocinios. Pero la producción de alimentos opera en otra escala: la de la vida cotidiana.

  • Los sistemas agroalimentarios generan alrededor de USD 3,8 billones al año a nivel global.
  • Millones de personas en América Latina dependen directamente del agro para vivir y trabajar.
  • Más de 8.000 millones de personas dependen de la agricultura para alimentarse cada día.

Mientras un evento concentra atención durante semanas, la agricultura sostiene economías, empleos y alimentación de forma permanente. Sin este sistema, no habría eventos deportivos… ni nada que celebrar alrededor de la mesa.